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jueves, 26 de mayo de 2011
tinta china
Anoche volví al despacho de mi padre.
Soñé que me pedía tinta para su pluma y yo vaciaba el cartucho de la mía para dársela.
Me desperté y volví a sentarme en la silla dura de madera y otra vez me colgaban los pies.
Abrí los cajones de la mesa, llenos de agendas de bolsillo, saqué la del año que nací y leí con letra apretujada en lápiz, lo mismo que en las otras, señalizaciones y puntos kilométricos. Abrí la caja de los tinteros, vi en el doble fondo las cartas a mi madre, pero no las leí, ya sabía lo que ponía.
Y la caja metálica de mantecadas Salinas, llena de lápices y compases incompletos.
Abrí la puerta del armario y chirrió como siempre y ahí seguían los folios y cuartillas y como frágiles alas de mariposa, el papel de calco.
Sólo son cosas. Pero son los recuerdos de mi padre, esos que mis hijas no tendrán. Ellas solo tendrán el recuerdo de la ausencia y el rencor.
viernes, 6 de mayo de 2011
confesiones
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| Juan Luque |
Un día escribí algo de amor, tendría como doce años. Ví la máquina de escribir encima de la mesa, con un papel ya colocado y escribí, solo por oir el sonido de las teclas golpeando el rodillo ese negro.
Mi hermano pasó por alli, lo leyó y quería que confesara. Yo no tenía nada que confesar, porque lo mismo podía haber escrito una receta de cocina, pero él erre que erre.
Mi hermano había visto muchas películas y para sacarme información, un día me sacó al balcón y me ató a la silla, mejorando la técnica sobre la marcha, me colocó un vaso de agua delante, inalcanzable. A mí me daba la risa. Creo que no consiguió nada y un día terminó la tortura.
O se cansaría del juego y entonces me contrató para su circo. Éramos entre contorsionistas y acróbatas y actuábamos en pijama, mientras mi madre se creía que hacíamos la tarea. Él hacía además de presentador y llegamos a ser bastante famosos.
Hay algunos hombres que me recuerdan a mi hermano, así, como de pasada, son solo ramalazos.
Pero él es el único hombre que conozco, que tiene paciencia para enseñar a conducir. No grita, no insulta y no se echa las manos a la cabeza si carraspean las marchas. Yo sé cómo se cogen las curvas cerradas gracias a él.
miércoles, 27 de abril de 2011
quién te ha visto y quién te ve
Se hablaba mucho del género.
Todas esas piezas de tela ordenadas en estanterías, se sacaban estirando los brazos o con una escalera, porque estaban en lo alto, se desenrollaban a lo largo del mostrador y se invitaba a tocarlas, para apreciar mejor su calidad y se iban amontonando. Luego mi abuelo volvía a recoger el género, colocando cada pieza en su sitio.
Cuando en verano, todos los nietos correteábamos por la tienda, nos subíamos al mostrador y revolvíamos en la trastienda, él no perdía la paciencia. Hasta tenía tiempo para llevarnos a bañar al río.
Antes ya había llevado a sus hijos, mezclados hijos con hijas, pero a él le traían sin cuidado los comentarios de la gente del pueblo y saltarse a la torera la norma de los días alternos para hombres y para mujeres.
Mucho más tarde nos enteramos de que no sabía nadar y por eso, solo chapoteaba en la orilla.
A mí me llamaba ciruela, supongo que tenía tantos nietos, que le costaba aprender los nombres de todos y necesitaba ciertos trucos.
Era la única persona de mi familia que vi llorar y ver llorar a un hombre de complexión tan fuerte, es realmente chocante.
La única vez que le vi enfadado, estaba hablando de bailar un vals en la cocina con mi abuela, o igual era un tango, yo no entendía de qué iba aquello, pero ahora me estoy dando cuenta de que la puesta en escena decía mucho más que las palabras. Mi abuela seguía a lo suyo, como si el baile no fuera con ella.
Luego vino la enfermedad, esa que aprendes que es maldita por el tono de voz que utilizan los mayores, por los silencios y las expresiones de la cara y porque mi madre faltaba mucho de casa y se quedó muy delgada. Mi abuelo no era buen enfermo y se rebelaba contra lo que veía venir. Mandó al carajo a varios curas, pero que ni se nos ocurriera quitar el cuadro de la virgen que había en la habitación larga y que mi hermana estaba empeñada en sustituir por un póster de los Beatles.
Cuando mi abuelo volvía a la cama por el pasillo y se veía en el espejo del fondo, en ese mismo espejo que nos enseñaba el truco de volar, le decía a su reflejo: "quién te ha visto y quién te ve".
lunes, 7 de febrero de 2011
zancadas de memoria
Lo primero la respiración.
La respiración de su pecho en mi cara, subiendo y bajando y la mía intentando acompasarse, casi sin respirar por no romper el ritmo. Sólo eso, ni antes, ni después, sólo la respiración. Y yo pequeña, pero protegida y a salvo. Aunque estuviera dormido.
En una zancada, la memoria avanza hasta las natillas sobre la mesa y él sentado en la silla, con la mano en la frente, haciendo un esfuerzo desesperado por probarlas. Y me veo por el pasillo, llevándomelas y tirándolas por la fregadera sin que nadie me vea y de vuelta, él mirándome agradecido.
Un paso más de memoria y aparece pidiendo que le tape los pies con una manta, pero ese frío no hay quien lo tape y yo no quería robarle a mi madre ese momento y le hice darle la mano, a costa de la mía, con la irritante sirena de fondo, tambaleándome en cada curva, sabiendo que era el final.
A veces me sigo viendo pequeña y con la mano huérfana.
martes, 14 de septiembre de 2010
peugeot azul celeste
-Me voy a casa, tengo ganas de que me cuiden y de comer bien ¿y tú?
-Yo me quedo a estudiar, ¿salimos hoy y te vas mañana?
- Mañana es fiesta y no creo que haya autobús.
- Si te pones en Anoeta, te cogen a dedo enseguida, venga salimos...
No pasaron de largo más que un par de coches, haciendo señas de que se quedaban cerca.
Paró el tercer coché y se montó. Un tío anodino, no había música, ni conversación, así que se dedicó a mirar todos los detalles del coche por dentro.
Un asqueroso olor a ambientador y colgado del retrovisor un columpio de madera con dos pajaritos rojos que no paraba de balancearse, los pajaritos sostenían alguna frase, de esas como de amor eterno.
Pegado en la guantera, un imán familiar con fotos de mujer e hijos, que parecía que alguna vez habían tenido color.
Al mirar por la ventanilla, se dió cuenta de que esa no era la dirección, se estaban desviando, mierda, no había nadie por esa carretera de polígono, era fiesta.
Paró el coche y se abalanzó sobre ella poniéndole sus gordas manos en el cuello y apretando tanto que no podía ni gritar, inmovilizada con el cinturón y con los cien kilos que pesaba ese tío.
Los pajaritos ya no se balanceaban y la mujer e hijos seguían allí viéndolo todo, y ese tío ya no le parecía tan anodino, podría ser... carnicero o no, de los que llevan las terneras desde el furgón hasta la carnicería, y qué mierdas hago yo pensando en la profesión de un tío que me tiene cogida del cuello.
Se escurría para abajo para intentar llegar a la manilla y entonces el tío aflojó, le metió sus gordos dedos en la boca y ella mordió todo lo fuerte que pudo, pero se desesperó al ver que a él le gustaba.
Consiguió abrir la puerta, sólo quedaba escurrirse un poco más. El tío soltó del todo, ella se escabulló y echó a correr.
El coche la siguió despacio, la alcanzó, paró a su altura, se abrió la puerta, y salió lanzada la bolsa de viaje, aceleró y desapareció.
Odia los peugeot azul celeste y las horteradas que se ponen en los espejos retrovisores.
martes, 13 de julio de 2010
anestesia general
-
Noto una presión en el dedo índice, un pitido regular se oye en un monitor, se me cierran los ojos y los pitidos se distancian, entonces alguien me toca la cara, me da palmadas y me dice que me mantenga despierta, no puedo, se me cierran, me dan más palmaditas, haz un esfuerzo y no te duermas.
No me duele nada, veo el techo avanzar, me empujan por un pasillo en una camilla, me habla una voz despreocupada y no me entero de lo que dice, pero me tranquiliza, noto los golpes de las puertas al abrirse.
Me tengo que incorporar, imposible, el cuerpo me pesa 10 toneladas, me ayudan y me obligan a hacer pis, sin ganas y con un camisón que me deja el culo el aire y la dignidad por los suelos.
Por fin estoy en una cama y puedo dormir.
Sueño con un murmullo molesto cerca mía, que se va haciendo real, abro los ojos, es mi madre con una amiga que no paran de cotorrear, pero no tengo fuerzas para decirles que se callen o se vayan a tomar un café.
Yo sólo quiero a alguien que me dé la mano y esté en silencio.
Noto una presión en el dedo índice, un pitido regular se oye en un monitor, se me cierran los ojos y los pitidos se distancian, entonces alguien me toca la cara, me da palmadas y me dice que me mantenga despierta, no puedo, se me cierran, me dan más palmaditas, haz un esfuerzo y no te duermas.
No me duele nada, veo el techo avanzar, me empujan por un pasillo en una camilla, me habla una voz despreocupada y no me entero de lo que dice, pero me tranquiliza, noto los golpes de las puertas al abrirse.
Me tengo que incorporar, imposible, el cuerpo me pesa 10 toneladas, me ayudan y me obligan a hacer pis, sin ganas y con un camisón que me deja el culo el aire y la dignidad por los suelos.
Por fin estoy en una cama y puedo dormir.
Sueño con un murmullo molesto cerca mía, que se va haciendo real, abro los ojos, es mi madre con una amiga que no paran de cotorrear, pero no tengo fuerzas para decirles que se callen o se vayan a tomar un café.
Yo sólo quiero a alguien que me dé la mano y esté en silencio.
domingo, 23 de mayo de 2010
Tener nombre humaniza
Entonces mi amiga Elena y yo teníamos un espíritu apasionado, queríamos hacer cosas.
Tuve una entrevista con el director y sin preguntar mucho nos firmó el permiso. Podeis venir el viernes a conocer a la gente y el lunes empezáis.
Entramos por un jardín muy grande, un pasillo muy largo, con techos muy altos, pasamos por el pabellón de mujeres, todas nos miraban con descaro, algunas nos decían cosas, nos toquiteaban, llegamos al despacho donde nos iban a dar las instrucciones, que fueron mínimas y nos acompañaron a conocerlos.
Estaban deambulando por la sala sin hacer nada, la tele encendida ni la miraban, a parte de unas sillas y una mesa larga, nada, paredes de baldosín verde pocho, unas estanterías vacías, no había material de ningún tipo, ¿Que íbamos a hacer un mes con ellos?
Los celadores se encargaron enseguida de contarnos todos los chismes y los motes de todos, el mudo, sólo habla si le das un cigarro, el toro, el nene, el ciego, este es hijo de un médico famoso y nunca le vienen a ver, este dicen que mató a un hombre desde el balcón con una escopeta, a este le han dado ya nosecuantos electroshocks y así nos ponían al día de los chismes de cada uno.
Mi amiga y yo sí que estábamos mudas, nos mirábamos y hacíamos como que no pasaba nada, pero las dos sabíamos que la otra estaba horrorizada.
Cuando nos enseñaron pabellones aun más horribles, donde había fundamentalmente deformidades, los dos pabellones que nos habían asignado nos parecieron jauja.
Estuvimos todo el fin de semana pensando si el lunes volvíamos o abandonábamos.
El lunes volvimos, entramos por el mismo jardín, los mismos pasillos interminables y otra vez desde el pabellón de mujeres nos besuquearon besos con babas.
Llegamos a nuestro pabellón y nos presentaron oficialmente a nuestros chicos, con nombres y apellidos y conforme los iba oyendo se iban convirtiendo en personas, se estaban humanizando.
Me quedé sola en la sala con ellos y de momento me ignoraban, tenía 8 horas por delante ...
Tuve una entrevista con el director y sin preguntar mucho nos firmó el permiso. Podeis venir el viernes a conocer a la gente y el lunes empezáis.
Entramos por un jardín muy grande, un pasillo muy largo, con techos muy altos, pasamos por el pabellón de mujeres, todas nos miraban con descaro, algunas nos decían cosas, nos toquiteaban, llegamos al despacho donde nos iban a dar las instrucciones, que fueron mínimas y nos acompañaron a conocerlos.
Estaban deambulando por la sala sin hacer nada, la tele encendida ni la miraban, a parte de unas sillas y una mesa larga, nada, paredes de baldosín verde pocho, unas estanterías vacías, no había material de ningún tipo, ¿Que íbamos a hacer un mes con ellos?
Los celadores se encargaron enseguida de contarnos todos los chismes y los motes de todos, el mudo, sólo habla si le das un cigarro, el toro, el nene, el ciego, este es hijo de un médico famoso y nunca le vienen a ver, este dicen que mató a un hombre desde el balcón con una escopeta, a este le han dado ya nosecuantos electroshocks y así nos ponían al día de los chismes de cada uno.
Mi amiga y yo sí que estábamos mudas, nos mirábamos y hacíamos como que no pasaba nada, pero las dos sabíamos que la otra estaba horrorizada.
Cuando nos enseñaron pabellones aun más horribles, donde había fundamentalmente deformidades, los dos pabellones que nos habían asignado nos parecieron jauja.
Estuvimos todo el fin de semana pensando si el lunes volvíamos o abandonábamos.
El lunes volvimos, entramos por el mismo jardín, los mismos pasillos interminables y otra vez desde el pabellón de mujeres nos besuquearon besos con babas.
Llegamos a nuestro pabellón y nos presentaron oficialmente a nuestros chicos, con nombres y apellidos y conforme los iba oyendo se iban convirtiendo en personas, se estaban humanizando.
Me quedé sola en la sala con ellos y de momento me ignoraban, tenía 8 horas por delante ...
lunes, 8 de febrero de 2010
con-ciencia
Con una escena intrascendente en los columpios del parque, un adulto preocupándose por un niño. No era consciente de ello.
Como esos objetos que a veces hay en casa y ni los llegas a ver porque siempre han estado ahí. No son ni bonitos ni feos, han perdido la esencia de la estética, sólo están ahí.
Es un sentimiento de tristeza al que se le ha quitado la emoción y se ha quedado reducido a lo fisiológico, un nudo en la garganta y una ligera acuosidad en los ojos. Dura un instante, viene y se va, y viene cuando veo un niño feliz, cuando un adulto tiene sensibilidad infantil, cuando se agacha y se pone a su altura para hablarle mirándole a los ojos, cuando juegan con empatía, ... y un día no sé porqué, se me hizo consciente.
Supongo que al hacerse consciente, he entendido lo que pasaba y se ha ido yendo, ya no hacía falta.
Como esos objetos que a veces hay en casa y ni los llegas a ver porque siempre han estado ahí. No son ni bonitos ni feos, han perdido la esencia de la estética, sólo están ahí.
Es un sentimiento de tristeza al que se le ha quitado la emoción y se ha quedado reducido a lo fisiológico, un nudo en la garganta y una ligera acuosidad en los ojos. Dura un instante, viene y se va, y viene cuando veo un niño feliz, cuando un adulto tiene sensibilidad infantil, cuando se agacha y se pone a su altura para hablarle mirándole a los ojos, cuando juegan con empatía, ... y un día no sé porqué, se me hizo consciente.
Supongo que al hacerse consciente, he entendido lo que pasaba y se ha ido yendo, ya no hacía falta.
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