Cuando leí hace mucho la función del orgasmo, no entendí casi nada, es más, pensé que Reich había tenido un brote psicótico y deliraba con el orgón, pero había que leerlo.
Ahora, que seguramente entendería un poco más, ya no me interesa.
Y es que a la hora de evocar un encuentro, no me viene a la memoria el instante del orgasmo, siempre otra cosa: una caricia tierna, una palabra atrevida, un roce inusual, una mirada de cíclope, un nudo de piernas, un tono de voz, un reposo, una concesión, dos manos que sujetan, un descubrimiento, un gemido, el peso del otro cuerpo, la piel, una coleta improvisada, la respiración en el oido, la prisa contenida, en fin, cuando parar...