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miércoles, 19 de octubre de 2011

Prunus amygdalus (almendro)


A mi padre le gustaba embarcarse en empresas arriesgadas, durante un tiempo experimentó con los almendros. Era una empresa arriesgada porque él no conocía nada de ese mundo y no era agricultor, pero consiguió que fuera un negocio más o menos productivo.

Como todo lo que depende de la naturaleza, había años malos, que se iban compensando con los buenos. Se contrataba a gente y se vendía la cosecha.

Cuando dejó de ser rentable, no se deshizo de todos los almendros, dejó unos pocos y ahora seguimos cogiendo almendras, en plan familiar y voluntariamente arrastrados por mi madre.

Excepto cuando está en flor, el almendro no es un árbol demasiado bonito, ni siquiera cuando está cargado de almendras, como este año.

Vareando las ramas se consigue que caigan las almendras, además caen bichos, palos, hojas y un polvillo muy molesto para los ojos.


Y las almendras que caen fuera de la lona, hay que recogerlas a mano.

Siempre había oído que esta tarea se llamaba respigar, pero no he encontrado la palabra en el diccionario.

Lo suelen hacer las mujeres, por eso se les llama respigadoras y cuando se entretienen sin meter almendras en la cesta, alguien les dice: "a ver, las respingonas, menos cháchara y a trabajar".

Con lo que nos gusta a todos jugar con esa palabra y ahora me entero de que no existe, ¿o será una deformación de espigar?




Esta se resistía