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lunes, 10 de enero de 2011
compendio de economía
Era profesor en la facultad de economía, pero lo que realmente le gustaría es escribir un libro.
Había empezado varios, sin pasar nunca del primer capítulo.
Siempre empezaba con La persistente gotera, no le dejaba conciliar el sueño, pero nunca ese texto no acababa de coger cuerpo.
Una noche de inspiración, terminó varios folios de bocas de fresa y calles llenas de melancolía, pero al día siguiente le sonaron demasiado a Sabina.
Otra noche escribió sin música y los folios se llenaron de sobrecogedores silencios y vacíos de tu presencia.
Los temas de amor sonaban bastante falsos, porque en realidad nunca había tenido una historia de esas que hacen sufrir pero inspiran para escribir.
Le gustaba bastante la chica de la primera fila, era la de la boca de fresa hasta que terminó el curso, nunca le había dirigido la palabra y preparó para ella varias posibles conversaciones, por si acaso, pero no hubo forma de que solicitara una revisión de examen.
Le recomendaron escribir sobre algo real, algo que conociera bien: desnuda tu alma y el resto irá rodado.
Le terminaron publicando un libro de economía, en realidad era una compilación de varios autores, que se vendía en septiembre y era imprescindible leerlo para aprobar su asignatura.
lunes, 15 de noviembre de 2010
enganchada sin gancho
Me apetece escribir, pero no tengo ganas de contar nada de mí, siempre hurgando en la herida. O sea, sí tengo ganas, pero me aguanto bastante.
Me invento un personaje, absurdo y sin gancho, me levanto a preparar un café y mientras sale, intento cambiar el personaje, pero ya se ha metido en mí y me da pena echarlo.
Sale el café, ya quedan pocos vasos limpios, vuelvo al ordenador y me siento y el personaje conoce a alguien, todavía con menos gancho, pero al menos están juntos. Me fumo un cigarro en la terraza y dejo la colilla en la maceta vacía.
Vuelvo a los personajes, los leo y me parecen patéticos, pero sé que les voy a dejar salir, irremediablemente daré a publicar. Miro las estadísticas y veo que los domingos la gente no lee blogs, o no leen el mío o tendrán mejores cosas que hacer, o todo junto.
Llega un mensaje pero es de venta directa y no ha ido al spam.
Bajo y friego los vasos porque el lavaplatos está lleno, me fumo otro cigarro y quito las colillas del macetero. Le meto a mi hija en la bañera y me viene a la cabeza un poema muy cursi que no me da la gana de publicar.
Subo la escalera y cuando estoy arriba me llama mi hija la de la bañera, baja, qué quieres, que bajes, pero díme qué quieres, silencio, bajo y me pide el barco, subo, lo cojo, bajo, se lo doy y vuelvo a subir. Me siento en el ordenador y el personaje que antes era simpático se vuelve un grosero, busco cualquier final porque ya me tiene harta, le doy a publicar y me voy a jugar con el barco a la bañera.
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