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martes, 10 de agosto de 2010

Entendámonos


Caridad estuvo enferma después de dar a luz, los médicos dijeron que eso era bastante frecuente, estuvo en cama sin ganas de hacer nada, encontraron una persona de confianza para hacerse cargo de la niña, hasta que su madre se repuso.

Ahora está bien y lleva las riendas de la casa y su hija Alicia, crece como todas las hijas.

Su madre le llama cariñosamente "besuguito", porque dice que tiene los ojos demasiado abiertos, como los de la familia del padre.

- Lástima que no sacó mis ojos, le solía decir a su marido.

Alicia estaba en el baño con la puerta abierta, se había pintado excesivamente los ojos, a lo egipcio, intentando hacerlos más rasgados. Se secaba el pelo con esmero, tenía una melena rubia, igualita a la de su madre cuando tenía su edad.

-Pero hija: sé espontánea y córtate el pelo, le dijo su madre, medio en broma, desde el pasillo.

Al día siguiente, Alicia apareció con la cabeza rapada. Cuando su padre la vio, no se atrevió a decir nada y su madre estuvo sin hablar y con jaqueca durante varios días.

Cuando se decidió a hablar de nuevo, se acercó a la habitación de su hija, y sin pasar del marco de la puerta, le dijo:

-Hija, a mí me gusta, pero no dejes que se burlen de ti.

En el colegio, Alicia vio muchas risas maliciosas,  el chico que le gustaba le guiñó el ojo, burlándose.

Por la noche, cuando estaban en la cama se oyó un ruido, ¿Qué ruido es ese? preguntó Caridad.
Su marido se levantó de la cama, miró por toda la casa y como no vio nada raro, se volvió a acostar.

-No sé cómo puedes dormir tan tranquilo, yo no voy a pegar ojo en toda la noche.

Caridad, gracias a su pastilla, durmió de un tirón, pero su marido se levantó varias veces más, por si no había mirado bien.

Por la mañana, cuando su mujer le miró a la cara, le dijo:

¿Por qué estás enfadado? Ya sé que lo estás y si dices que no, es para llevarme la contraria, pero no me voy a dejar llevar por estas tonterías, veréis la sorpresa que os doy cuando volváis a casa.

A la hora de comer, se encontraron una mesa exquisitamente preparada.

-Me he quedado toda la mañana en casa para prepararos esta sorpresa, ya me podéis decir que está todo para chuparse los dedos.

-¿Os gusta?
- Sí
-¿Pero realmente os gusta?
- Sí, realmente
- ¿Pero de verdad que realmente?

Alicia se levantó y fue al baño sin decir nada, se metió los dedos todo lo adentro que pudo y vomitó. Tiró de la cadena. Se sentó en el sofá a comer un yogur.

- Algo pasa con Alicia, si fueses más listo me entenderías.
Le dijo a su marido, que puso cara de póker.