Parece mentira.
Me acuerdo cuando me resistía, no quería que entraras en mi vida y a fuerza de tenerte ahí, ya ves, me he encariñado contigo.
Qué bien has sabido hacerlo, te has instalado conmigo y aquí estás, en mis días buenos, en los malos, en mi sofá, en mi cocina, en mis enfados, en mis alegrías.
Me quieres sin condiciones y me sigues donde yo te diga.
Ya sé que también te gustaría meterte en mi cama, pero eso no, aunque quien sabe, con lo que tú eres, igual hasta me convences algún día.
Me gusta cuando te hablo y me miras, ya sé que a veces no me entiendes, pero te basta con estar a mi lado.
Cuando llego a casa y sé que me esperas y cuando tengo que irme y no puedes venir conmigo, no te puedo llevar donde voy, nuestros mundos son tan distintos...
Nos ha costado un poco acostumbrarnos, yo no dejo a cualquiera que entre en mi territorio, pero ahora que las cosas están claras, funcionamos de maravilla.
Me gustaría tenerte hasta que seamos viejos, como no sé si eso será posible, te voy a disfrutar ahora todo lo que pueda.
Me gusta como eres, alegre y generoso
... y siempre te nombro en masculino, se me olvida que eres una perra.