lunes, 6 de mayo de 2013

los Heredia



Nosecuantos Heredia posa seguro ante mi cámara, se hace con ella al minuto y coge el protagonismo, si yo no estuviera escondida detrás del objetivo, me violentaría esa mirada.

Su mujer no posa, a duras penas está ahí, mimetizada en la escena, parece diez años mayor que él, vestida de negro, a ella no le gusta que me inmiscuya, si se atreviera, me miraría recelosa.

El hombre Heredia tiene el pelo canoso, la tez oscura, un poco su piel y otro tanto curtido por el sol, a él le queda bien el pelo blanco, a ella no.

Él lleva el orgullo y posa a sabiendas de que nunca verá esas fotos. Ella no se fía.

Yo buscaba un ambiente gitano, pero como siempre, me acaban pareciendo mucho más interesantes las personas y termino enfocando primeros planos.

Se está estropeando la cámara, no se ve bien por el visor ni por la pantalla, se ocultan trozos, se ve con el efecto retro de instagram ¿que es lo que va a salir de aquí? ¿va a salir lo que veo?  no entiendo lo que está pasando.



jueves, 14 de marzo de 2013

menos es más

©laudia


Decir te quiero mucho,
es mucho menos que te quiero,
es menos arriesgado,
es que al poner una cantidad, aunque sea mucha,
se está poniendo un límite,
es un querer con medida,
pero es manejable,
es como cuando vuelas pero debajo hay un suelo donde pisar.

viernes, 1 de marzo de 2013

momentos

©laudia



Hay un momento del día en el que siento miedo. Es un momento corto, pero noto que es un miedo profundo, como de caer en un abismo.

Es ese instante en el que despiertas y vuelves a la realidad y el yo se recompone y coge el valor para andar otro día más. Cuando se siente la soledad y la desnudez y un montón de peso que arrastrar.

Luego el día transcurre normalmente, vivo, amo, río, lloro, me enternezco, a ratos me siento completa, me indigno, protesto, me aguanto, me canso. Pero hay un momento del día, en que siento que no puedo.



jueves, 14 de febrero de 2013

c'est l'amour




Así las encontré, intentando abrazarse, desarrollando tubérculos para estar más juntas, queriéndose mientras pudieran. Sus cuerpos empezaban a tener forma de corazón.

martes, 22 de enero de 2013

akelarre




La vida sigue.
Y sigo soñando. Por suerte.
Me gusta mucho soñar y poder recordar lo que sueño.
Sueño como si fuera pequeña, como si tuviera diez años.
En los sueños, los asuntos son viajes o recorridos en coche o en barca. Sueño con mi padre que siempre es amable y sabe cosas interesantes.
Iba en coche con mis padres, como cuando era pequeña. Mi padre tenía paciencia para que yo pudiera aprender las cosas bonitas de la vida, pero mi madre solo estaba ahí.

En realidad. mi padre conducía despacio para que pudiera fotografiar el cielo, un cielo rosa, con siluetas de árboles maravillosos. Yo mirando desde el cristal de atrás del coche, de rodillas en el asiento.

En la realidad del sueño.
En el recuerdo.
Hay un lío de realidades, que vuelven de noche. Y bailan desnudas en la oscuridad.
En alguna de ellas, mi padre era vulnerable. Y mi madre impasible. Imperturbable.
Ahora la vulnerable es mi madre. Ha llegado el momento de suavizarle la realidad, de no contarle todo, pero de contarle algo para que no se sienta excluida.
Mi tía recuerda cosas diferentes de cuando eran pequeñas. Y mi madre cree que miente.
Hay realidades que mi madre no verá nunca. Cree que solo hay una.
Yo ahora veo que casi toda la gente es más amable, y no creo que estén mintiendo.


domingo, 23 de diciembre de 2012

asideros

la luz que se filtra por mi ventana

Las letras, las letras formando palabras, la tipografía, la tipografía urbana, la tipografía en cualquier parte, las letras chinas, las árabes, la letra que tiene la gente.

Los collares de abalorios, las rayas de colores, los lápices, ordenar las pinturas por colores, ordenar las pequeñeces.

El viento en el pelo, el pelo pelirojo, el pelo largo, las trenzas, el pelo revuelto de la gente, el olor a viento en el pelo.

Las telas africanas, los tocados africanos, la gracia de los negros para ponerse cualquier cosa en la cabeza. África.

Los niños durmiendo, su respiración, los pies de los bebés.

Los tejados, las tejas, la nieve en los tejados, poder ver los tejados de una ciudad desde lo alto.

Los cielos de este otoño, acuosos, que parecen acuarelas.

Los dibujos a lápiz, los garabatos, los bocetos, cualquier dibujo sin pensar, dibujar caras.

Los colores de las comidas, una mesa preparada con esmero, un mantel limpio, el ruido del vino al caer.

Las amapolas, su fragilidad.

Las bicicletas, la gente en bici, las bicis antiguas.

Las fotos antiguas.

Los perros, sus narices negras y húmedas, su fidelidad,  los cachorros, su torpeza al andar, las miradas de los cachorros cuando quieren algo y ceder a esa mirada.

El sigilo de los felinos.

La fuerza de los caballos y a la vez su fragilidad.

Las tiendas de chocolates.

Los cactus, las piedras.

Los corazones, las cosas que parecen corazones.

La luz, la luz tenue, la luz de la mañana y la luz de la tarde, la luz que se filtra, la luz de las velas, las velas con olor, las velas que huelen a vainilla.

Los trenes, las estaciones, las vías y los cables, las despedidas desde un tren, los relojes de las estaciones, la palabra ferrocarril.

Los libros, sus portadas.

Las terrazas, la gente en las terrazas, las colchonetas, los cojines, las hamacas, los columpios.

Los sifones, las botellas.

Los árboles, las siluetas de los árboles, las ramas, las raices, las hojas, las hojas de los árboles por el suelo, recordar el ruido pisando las hojas, los cerezos en flor.

La madera, las contraventanas de madera, Las mesas viejas de madera, el olor a madera.

El mar, el agua, el ruido del agua de un río pequeño, las olas.

Los zapatos de sevillana, las zapatillas de ballet, los tules, las gasas, las telas vaporosas.

El silencio y la blancura de la nieve.

lunes, 17 de diciembre de 2012

otros fríos


Quisiera ser cálida y acogedora.
Y saber qué cosas me he perdido por no serlo.

Pero soy más bien fría,  o así me ven, aunque yo sienta todo el rato el calor por dentro.

Ni falsa, ni empalagosa, pero un poco menos distante sí, me gustaría.

No medimos la distancia con la que queremos relacionarnos, simplemente te colocas ahí donde te sientes cómoda  y si se acercan demasiado retrocedes.

Será porque si te dejas mirar de demasiado cerca, se ven mucho las debilidades (y las patas de gallo), pueden ver que en realidad, lo que más necesitas es a la gente, que te quieran, que te abracen, tan cerca pueden ver que tienes miedo de perder el control y abandonarte.

Cada uno es como es.  Yo ignífuga de piel.

martes, 27 de noviembre de 2012

amor-alimento




Cocinaría.
O pondría un restaurante.
Para dar de comer a la gente que me gusta.

Con canela y piñones. Queso y uvas.


Todo empieza con el amor maternal, ese que te alimenta,
que te da lo que necesitas antes de que sepas pedirlo.

Por eso está lo de comerle a besos y devorarnos o eres muy dulce.

Y nos deleita probar de su plato o que te den de comer a la boca.











sábado, 17 de noviembre de 2012

algo tiene que ser



Me despierto a horas capicúas y pienso que tiene que ser algo.

En el cielo veo acuarelas que tendría que pintar,
con gris de payne y magenta,
húmedo sobre húmedo.

Duermo mal y me despierto,
me siento al borde,
y no es otro borde,
que el borde de la cama.

Me despierto y son las 6:19, que no es capicúa,
pero boca abajo se lee igual.



martes, 6 de noviembre de 2012

murciégalos (murciélagos)



Me gusta la gente que sabe transmitir su pasión por alguna cosa, cuando hablan, noto que me quedo escuchando pasmada, en realidad el motivo de pasión no importa mucho, es más el entusiasmo que ponen y que contagian.

Hace poco, me apunté a un recorrido para conocer mejor a los murciélagos, es el año internacional del murciélago, pero me movió lo de hacer alguna actividad con mi hija, juntas, porque veo que poco a poco le voy sobrando.

Los murciélagos caen bastante mal a la gente, no son muy populares, lo más popular de los murciélagos es Batman, pero pasa como cuando conoces a alguien un poco más a fondo, que empieza a caerte bien y le coges cariño. Coger cariño a un murciélago parece difícil, porque tocarlo, es bastante repelente, tienen una textura como de terciopelo y parece que en cualquier momento se van a romper, con esas alas plegables.
A favor del cariño, está que son mamíferos y si adoptas uno recién nacido le puedes dar biberón.

Salimos por la orilla del río cuando estaba anocheciendo  y los expertos iban uno al principio y el otro al final del grupo, dando explicaciones. Llevaban un aparatejo carísimo que servía para oír los sonidos que emiten los murciélagos, porque el oído humano no alcanza a oír esas frecuencias.

Inesperadamente, del aparatejo del experto número uno, salió un sonido como hihihihihi, medio en éxtasis e ignorando al grupo, se puso a hablar con su colega de atrás:


-¡El murciélago herradura! he oído pasar al murciélago herradura!
-¡Noooo!
-¡Sí, tío, el herradura! hace 5 años que no lo oía!

Estuvo tan emocionante, los hijos abrazando a sus padres, y los padres y madres dándonos las manos, habíamos tenido la suerte de oír ese hihihihihi tan escurridizo.

En fin, sí, estoy exagerando un poco, pero es que cuando alguien te explica cosas, tendría que ser así, si me hubieran explicado de esa forma la química orgánica, ahora no sería una extraña para mí.

También este verano, conocí mejor a las abejas, cuando un apicultor, aunque yo toda la vida le he llamado el mielero, tuvo que venir a casa a llevarse el panal que se nos había instalado en una persiana, también nos dio una lección emocionante, sobre el miedo, sobre los distintos tipos de zumbidos y muchas cosas más. Pero a las abejas, fue muy fácil quererlas, porque nos dejaron un montón de miel.