martes, 27 de agosto de 2013
resistencia
Las mismas cosas
algunas veces parecen robustas,
como una roca que se agarra a la tierra,
otras veces se parecen más a un frágil papel de fumar,
que pudiera echarse a perder,
con la primera gota de una tormenta.
martes, 30 de julio de 2013
decirlo
Mi amor.
Ninguna catástrofe ocurre por decir mi amor.
Ningún cataclismo irreversible.
Nadie se escapa ni deja de quererme.
Todo es normal.
Todo va bien.
viernes, 17 de mayo de 2013
va pasando mayo
Llegó el mes de mayo, al que le dicen florido y hermoso,
y soñé que me moría.
No se suele morir en los sueños, uno se despierta justo a tiempo.
Pero chocaba violentamente contra la ladera del monte y me quedaba incrustada.
La tierra en los ojos y la boca. Notando la presión.
Y no poder moverme. Sabiendo que era la muerte.
Bueno, hay muchos tipos de muerte, puede estar muriendo en mí cualquier cosa, no le voy a dar más vueltas.
Ya no me irrita que mi madre me regale cosas que no necesito. Ya no me molesta casi nada de mi madre. Ayer le volví a acompañar al hospital. Me dice que no hace falta, pero con la boca pequeña. Sé que se las apañaría, pero no me la quiero imaginar sola por esos pasillos inhumanos.
Pasillos llenos de gente esperando, gente paciente, gente de todo tipo sumida en sus pensamientos, gente joven y vieja, niños, sentados y de pie.
La noche anterior había ido al cine y no había nadie, nadie es nadie, la sala vacía, ni ruido de palomitas ni nada.
La película no me gustó. Me gustó el precio, hacían una oferta, pero no pensé en ella en las siguientes 24 horas y eso es que no me gustó. Una memez pretendiendo ser atrevida, les quedó memo hasta cuando pretendían ser obscenos.
De vez e cuando sigo mirando las fotos, las inquietantes. No me cansan. Ya no me inquietan tanto. Bendito orgullo que nos libra de arrastrarnos y reptar.
Me gustan las mujeres de mi familia, algunas estamos marcadas por algo común reconocible, distintas pero reconocibles. Y me hace mucha gracia vernos juntas, mujeres de cualquier generación con ese común.
Y los hombres que están con nosotras no lo tienen fácil. Parece que nos entregamos, pero nunca nos tienen del todo.
Bendita luz
de besos en el cuerpo
y en el alma.
lunes, 6 de mayo de 2013
los Heredia
Nosecuantos Heredia posa seguro ante mi cámara, se hace con ella al minuto y coge el protagonismo, si yo no estuviera escondida detrás del objetivo, me violentaría esa mirada.
Su mujer no posa, a duras penas está ahí, mimetizada en la escena, parece diez años mayor que él, vestida de negro, a ella no le gusta que me inmiscuya, si se atreviera, me miraría recelosa.
El hombre Heredia tiene el pelo canoso, la tez oscura, un poco su piel y otro tanto curtido por el sol, a él le queda bien el pelo blanco, a ella no.
Él lleva el orgullo y posa a sabiendas de que nunca verá esas fotos. Ella no se fía.
Yo buscaba un ambiente gitano, pero como siempre, me acaban pareciendo mucho más interesantes las personas y termino enfocando primeros planos.
Se está estropeando la cámara, no se ve bien por el visor ni por la pantalla, se ocultan trozos, se ve con el efecto retro de instagram ¿que es lo que va a salir de aquí? ¿va a salir lo que veo? no entiendo lo que está pasando.
jueves, 14 de marzo de 2013
menos es más
viernes, 1 de marzo de 2013
momentos
![]() |
©laudia |
Hay un momento del día en el que siento miedo. Es un momento corto, pero noto que es un miedo profundo, como de caer en un abismo.
Es ese instante en el que despiertas y vuelves a la realidad y el yo se recompone y coge el valor para andar otro día más. Cuando se siente la soledad y la desnudez y un montón de peso que arrastrar.
Luego el día transcurre normalmente, vivo, amo, río, lloro, me enternezco, a ratos me siento completa, me indigno, protesto, me aguanto, me canso. Pero hay un momento del día, en que siento que no puedo.
jueves, 14 de febrero de 2013
c'est l'amour
Así las encontré, intentando abrazarse, desarrollando tubérculos para estar más juntas, queriéndose mientras pudieran. Sus cuerpos empezaban a tener forma de corazón.
martes, 22 de enero de 2013
akelarre
La vida sigue.
Y sigo soñando. Por suerte.
Me gusta mucho soñar y poder recordar lo que sueño.
Sueño como si fuera pequeña, como si tuviera diez años.
En los sueños, los asuntos son viajes o recorridos en coche o en barca. Sueño con mi padre que siempre es amable y sabe cosas interesantes.
Iba en coche con mis padres, como cuando era pequeña. Mi padre tenía paciencia para que yo pudiera aprender las cosas bonitas de la vida, pero mi madre solo estaba ahí.
En realidad. mi padre conducía despacio para que pudiera fotografiar el cielo, un cielo rosa, con siluetas de árboles maravillosos. Yo mirando desde el cristal de atrás del coche, de rodillas en el asiento.
En la realidad del sueño.
En el recuerdo.
Hay un lío de realidades, que vuelven de noche. Y bailan desnudas en la oscuridad.
En alguna de ellas, mi padre era vulnerable. Y mi madre impasible. Imperturbable.
Ahora la vulnerable es mi madre. Ha llegado el momento de suavizarle la realidad, de no contarle todo, pero de contarle algo para que no se sienta excluida.
Mi tía recuerda cosas diferentes de cuando eran pequeñas. Y mi madre cree que miente.
Hay realidades que mi madre no verá nunca. Cree que solo hay una.
Yo ahora veo que casi toda la gente es más amable, y no creo que estén mintiendo.
domingo, 23 de diciembre de 2012
asideros
![]() |
| la luz que se filtra por mi ventana |
Las letras, las letras formando palabras, la tipografía, la tipografía urbana, la tipografía en cualquier parte, las letras chinas, las árabes, la letra que tiene la gente.
Los collares de abalorios, las rayas de colores, los lápices, ordenar las pinturas por colores, ordenar las pequeñeces.
El viento en el pelo, el pelo pelirojo, el pelo largo, las trenzas, el pelo revuelto de la gente, el olor a viento en el pelo.
Las telas africanas, los tocados africanos, la gracia de los negros para ponerse cualquier cosa en la cabeza. África.
Los niños durmiendo, su respiración, los pies de los bebés.
Los tejados, las tejas, la nieve en los tejados, poder ver los tejados de una ciudad desde lo alto.
Los cielos de este otoño, acuosos, que parecen acuarelas.
Los dibujos a lápiz, los garabatos, los bocetos, cualquier dibujo sin pensar, dibujar caras.
Los colores de las comidas, una mesa preparada con esmero, un mantel limpio, el ruido del vino al caer.
Las amapolas, su fragilidad.
Las bicicletas, la gente en bici, las bicis antiguas.
Las fotos antiguas.
Los perros, sus narices negras y húmedas, su fidelidad, los cachorros, su torpeza al andar, las miradas de los cachorros cuando quieren algo y ceder a esa mirada.
El sigilo de los felinos.
La fuerza de los caballos y a la vez su fragilidad.
Las tiendas de chocolates.
Los cactus, las piedras.
Los corazones, las cosas que parecen corazones.
La luz, la luz tenue, la luz de la mañana y la luz de la tarde, la luz que se filtra, la luz de las velas, las velas con olor, las velas que huelen a vainilla.
Los trenes, las estaciones, las vías y los cables, las despedidas desde un tren, los relojes de las estaciones, la palabra ferrocarril.
Los libros, sus portadas.
Las terrazas, la gente en las terrazas, las colchonetas, los cojines, las hamacas, los columpios.
Los sifones, las botellas.
Los árboles, las siluetas de los árboles, las ramas, las raices, las hojas, las hojas de los árboles por el suelo, recordar el ruido pisando las hojas, los cerezos en flor.
La madera, las contraventanas de madera, Las mesas viejas de madera, el olor a madera.
El mar, el agua, el ruido del agua de un río pequeño, las olas.
Los zapatos de sevillana, las zapatillas de ballet, los tules, las gasas, las telas vaporosas.
El silencio y la blancura de la nieve.
lunes, 17 de diciembre de 2012
otros fríos
Quisiera ser cálida y acogedora.
Y saber qué cosas me he perdido por no serlo.
Pero soy más bien fría, o así me ven, aunque yo sienta todo el rato el calor por dentro.
Ni falsa, ni empalagosa, pero un poco menos distante sí, me gustaría.
No medimos la distancia con la que queremos relacionarnos, simplemente te colocas ahí donde te sientes cómoda y si se acercan demasiado retrocedes.
Será porque si te dejas mirar de demasiado cerca, se ven mucho las debilidades (y las patas de gallo), pueden ver que en realidad, lo que más necesitas es a la gente, que te quieran, que te abracen, tan cerca pueden ver que tienes miedo de perder el control y abandonarte.
Cada uno es como es. Yo ignífuga de piel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








