Yo cuando me enfado me imagino que me voy galopando en un caballo, dejando atrás al enemigo.
Cada uno con su manera de enfadarse.
Cuando mi hija era más pequeña, le daba por quitarme los dos cuadritos que me había regalado y que tenía colgados en la pared de mi cuarto, así que durante un tiempo fueron cuadros intermitentes, a veces veía los dos clavos en la pared y entonces me enteraba de que estaba enfadada y el efecto era que me daba la risa. Ahora nos reimos juntas de eso.
Algunas personas nos castigan con su silencio, se enfadan y se vuelven mudas. Un personaje de Isabel Allende estuvo años sin hablar con su marido, qué faena le habría hecho. Y no quiero ni pensar en el monumental enfado colectivo que tendrán en esas congregaciones que hacen voto de silencio.
En la posición más extrema están los suicidios, que no dejan de ser un "Hala, ahora te fastidias, que me mato".
Esos intentos de suicidio histéricos, que se solucionan con un lavado de estómago, pero que traen a mal andar a familia y amigos.
A mí me funciona bastante bien lo mío, cuando el enfado es mayor, procuro que las patas de atrás del caballo, salpiquen de barro al enemigo o le den un buena coz.
