viernes, 17 de mayo de 2013

va pasando mayo



Llegó el mes de mayo, al que le dicen florido y hermoso,
y soñé que me moría.
No se suele morir en los sueños, uno se despierta justo a tiempo.
Pero chocaba violentamente contra la ladera del monte y me quedaba  incrustada.
La tierra en los ojos y la boca. Notando la presión.
Y no poder moverme. Sabiendo que era la muerte.
Bueno, hay muchos tipos de muerte, puede estar muriendo en mí cualquier cosa, no le voy a dar más vueltas.

Ya no me irrita que mi madre me regale cosas que no necesito. Ya no me molesta casi nada de mi madre. Ayer le volví a acompañar al hospital. Me dice que no hace falta, pero con la boca pequeña. Sé que se las apañaría, pero no me la quiero imaginar sola por esos pasillos inhumanos.
Pasillos llenos de gente esperando, gente paciente, gente de todo tipo sumida en sus pensamientos, gente joven y vieja, niños, sentados y de pie.

La noche anterior había ido al cine y no había nadie, nadie es nadie, la sala vacía, ni ruido de palomitas ni nada.
La película no me gustó. Me gustó el precio, hacían una oferta, pero no pensé en ella en  las siguientes 24 horas y eso es que no me gustó. Una memez pretendiendo ser atrevida, les quedó memo hasta cuando le dice te quiero meter el dedo en el culo.

De vez e cuando sigo mirando las fotos, las inquietantes. No me cansan. Ya no me inquietan. No me inquietan tanto. Bendito orgullo que nos libra de arrastrarnos y reptar.

Me gustan las mujeres de mi familia, algunas estamos marcadas por algo común reconocible, distintas pero reconocibles. Y me hace mucha gracia vernos juntas, mujeres de cualquier generación con ese común.
Y los hombres que están con nosotras no lo tienen fácil. Parece que nos entregamos, pero nunca nos tienen del todo.

Bendita luz
de besos en el cuerpo
y en el alma.