viernes, 13 de junio de 2014

I need a Hero


Fue el 10 de junio, pasó al lado y bajó la mirada.

Yo no le vi, me avisó ella  y me dijo que ya no le importaba y que estaba viejo.

No le vi porque estaba guardando la tarjeta de crédito en la cartera. Y los puntos canjeables por toallas y balones de playa para el verano. 

Me impresionó la forma contundente de decir: está viejo.

Esa noche se despertó con una pesadilla, soñó que había un hombre con una motosierra que quería matarle y que tenía que defenderse con una cadena y que al contárselo a sus amigas, las quería matar a todas.

Yo escuchaba medio dormida, casi inconsciente, porque llevo unos días sin tomar café por las tardes y duermo como una marmota.

A pesar de que todo podría parecer muy trágico,  al mediodía entre plato y plato,  hemos bailado I need a Hero en la cocina.

Junio se hace interminable, apretado de tareas que hay que terminar, sudoroso, es el mes en el que una se siente más gorda, solo aligero a última hora del día, cuando refresca un poco y salgo a pasear con tor.

Menos mal que enseguida nos vamos de vacaciones.

Tengo una prima que no recorre más de 200 kilómetros en un día, dice que es antinatural, así que para ir a Madrid por ejemplo, tiene que hacer noche.

No creo que lo lleve a rajatabla o igual es cosa de hace poco, porque ha estado en la India y en Vietnam y en países bien lejanos, el caso es que ella ahora defiende eso.

Sin embargo, creo que yo voy a hacer demasiados kilómetros en una semana, espero que pueda descansar un poco, aunque sea mentalmente.